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El San Bartolomé CF recupera su filial y confía el proyecto a Rubén Méndez

Luis Vega
#Primera Regional

El club apuesta por un equipo sub-23 en Primera Regional para acelerar el salto de sus jóvenes al primer equipo bajo la dirección de Rubén Méndez

El San Bartolomé CF recupera su filial y confía el proyecto a Rubén Méndez

El San Bartolomé CF vuelve a activar su segundo equipo y lo hará en la Primera Regional de Lanzarote, una categoría que recupera así a uno de los filiales llamados a agitar la competición. La decisión no responde solo a una cuestión deportiva inmediata, sino a una estrategia clara del club para ordenar el crecimiento de su cantera.

La entidad apuesta por un bloque sub-23 que sirva de puente real entre el fútbol juvenil y el primer equipo. Una transición que en muchos casos se rompe por falta de espacios competitivos y que ahora encuentra una solución estructurada. El filial nace con una función concreta, preparar jugadores para dar el salto cuando el equipo de Tercera Federación lo necesite.

Al frente estará Rubén Méndez, un técnico con recorrido en el fútbol insular que regresa a los banquillos tras más de dos años fuera. Su último destino fue el CD Tite, donde cerró etapa por motivos personales. Ahora asume un proyecto muy distinto, centrado menos en el resultado inmediato y más en el crecimiento del futbolista.

Méndez conoce bien el ecosistema en el que se moverá. Ha dirigido al propio Tite en dos etapas, pasó por el San Bartolomé en el primer equipo y sabe lo que implica competir en la Primera Regional, donde incluso rozó el ascenso en su anterior paso por el club. A eso suma experiencia en formación, desde el Orientación Marítima cadete hasta el juvenil del CD Lomo, además de su etapa como segundo entrenador en la UD Lanzarote junto a Jero Santana.

El movimiento del San Bartolomé no es aislado. Responde a una tendencia creciente en la isla, donde varios clubes buscan reforzar sus estructuras desde abajo para evitar la fuga de talento joven. En este caso, el filial no será un simple equipo de apoyo, sino una pieza clave dentro del engranaje deportivo.

La puesta en marcha del “B” abre una vía directa para decenas de futbolistas que terminan su ciclo juvenil en Lanzarote y que, hasta ahora, debían buscar minutos lejos de su entorno o abandonar la dinámica competitiva.

Si el proyecto se consolida, el impacto puede ir más allá del propio club. La Primera Regional ganará en ritmo y juventud, y el San Bartolomé podría garantizarse un flujo constante de jugadores formados en casa, algo cada vez más determinante en el fútbol semiprofesional.

El reto no estará solo en competir, sino en convertir ese equipo en una fábrica real de futbolistas preparados. Ahí se medirá el éxito de una apuesta que mira al futuro con una idea clara, crecer desde dentro para sostenerse arriba.

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