Aco Hernández, gol y raíz local para abrir el nuevo proyecto de la UD Lanzarote
El delantero lanzaroteño llega tras cerrar la temporada como el décimo máximo goleador del grupo canario y reforzará el ataque rojillo bajo la dirección de Juan Antonio Machín
La UD Lanzarote abre su mercado con acento local. El club rojillo ha cerrado la incorporación del delantero Aco Hernández, un perfil conocido en la Tercera Federación canaria que llega tras firmar una campaña destacada en la isla.
Nacido en 2002, el atacante se formó entre el CD Lomo, CD Arrecife y Orientación Marítima antes de una breve salida al fútbol peninsular con el Getafe. Su progresión se consolidó a partir de la 2021 2022, cuando alternó el filial del CD Mensajero con el primer equipo, llegando a debutar en Segunda RFEF. Aquella temporada la cerró en el Unión Sur Yaiza, punto de partida de una trayectoria que le ha convertido en un habitual de la categoría.
Después de dos cursos en el San Bartolomé CF, donde firmó su mejor registro goleador con 13 tantos, regresó al Yaiza y volvió a responder con cifras. En la última liga terminó entre los máximos anotadores del grupo canario con 12 goles, tres desde el punto de penalti, consolidando su fiabilidad en el área.
Su hoja de servicios ya supera los 140 partidos en Tercera Federación, un dato poco habitual para su edad. Ese volumen competitivo explica la apuesta de la UD Lanzarote, que busca reforzar su producción ofensiva con un jugador que conoce el entorno, los campos y la exigencia del grupo.
El nuevo proyecto estará dirigido por Juan Antonio Machín, técnico con el que Aco ha coincidido en etapas recientes, un factor que facilita la adaptación inmediata al vestuario. El club entiende que esa conexión previa puede acelerar el rendimiento desde las primeras jornadas.
En su currículum figura también un fichaje anunciado por Las Palmas Atlético que no llegó a materializarse, una operación que se cayó por cuestiones administrativas y de encaje en plantilla, sin continuidad deportiva posterior.
La UD Lanzarote inicia así su reconstrucción con una pieza que mezcla arraigo y gol. El reto ahora será traducir ese rendimiento en un salto competitivo colectivo, en una categoría donde los detalles y la regularidad marcan la diferencia.
